Amsterdam: El esplendor de la corte rusa en el Hermitage

 

Publicado el agosto 9, 2020

Escrito por Adrian Gualdoni Basualdo

Foto autor

 

La marca “Hermitage” ha sido apreciada como muy rentable en la operación comercial de los museos, circunstancia que, en su momento, resolvió a sus directivos a “salir al mundo” a través de franquicias u otros modos de acción conjunta con instituciones análogas. Así, hoy hay salas “Hermitage” en museos de Londres y en Las Vegas y se proyecta un pronto aterrizaje en Barcelona. Pero la iniciativa mayor radica en Amsterdam, donde desde el 2009 el repositorio ruso gestiona un museo completo en lo que fuera el antiguo palacio Amstelhof, que desde su apertura en el siglo XVII sufrió alternativas diversas, incluso ser sede de un asilo de ancianos.

Los fuertes vínculos entre las dinastías reinantes en su momento en Holanda y Rusia se suelen evidenciar en las muestras temporarias que se alojan en las salas a orillas del rio Amstel. Es el caso de “Joyas, el esplendor de la corte rusa”, la exposición con la que, tras el receso impuesto por la pandemia de Covid-19, reabrió sus puertas este museo.

Es bien sabido que la colección de alhajas y objetos preciosos es uno de los tesoros más reconocidos del museo de San Petersburgo, y de esa colección han salido en esta oportunidad unas 300 piezas que, con el marco de retratos, pinturas, vestidos y accesorios, trasladan a la sede de Amsterdam el fasto y la extravagancia de la corte de los Romanov, sus recepciones, sus bailes y sus banquetes, en unos 200 años de su historia. Las principales casas internacionales de joyería, como Cartier, Chopard, Garrard, y por supuesto Fabergé, están representadas en la amplia colección de pulseras, anillos, pendientes, prendedores, tiaras (como la que ilustra estas líneas), collares y relicarios que integran esta muestra.

El museo, que actualmente dirige Cathelijne Broers, ha editado un catálogo que reproduce la totalidad de las obras y piezas en exposición. Hay versiones en holandés e inglés, y su precio es de 34,50 euros, La entrada general, que debe reservarse por Internet, tiene un costo de 18 euros. Hay precios especiales para menores y para adultos mayores.

Al momento en que nos agobien los reflejos de perlas y diamantes, en el primer piso del museo nos aguarda para la pausa ineludible la cafetería y restaurant “Neva”. A pesar del nombre sugerente, que nos lleva a orillas del río que atraviesa San Petersburgo, la cocina a cargo del chef Ricardo Eve sólo ofrece algunos platos olvidables. El tesoro escondido de la cafetería es la pastelería, provista por la local Patisserie Kuyt. Una simple tarta de manzanas, acompañada por un café, puede alcanzar brillos análogos a los de una pieza de Fabergé.