Bilbao: Grandes obras de Bremen en el Guggenheim

 

Publicado el noviembre 17, 2019

Escrito por Anabella Monteleone

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Junto a la ría del Nervión, en la industriosa ciudad capital de Bizkaia, luce la metálica estructura que Frank Gehry concibió para la filial bilbaína del Museo Guggenheim, y que hoy y hasta el 16 de febrero próximo aloja junto a las obras de su colección permanente,  una muestra de las piezas más notables que conserva la Kunsthalle de Bremen.

Bajo el título “De Delacroix a Beckmann”, la muestra centra su campo de interés en el estrecho vinculo que se creó entre los artistas alemanes y franceses que militaron en los movimientos que agitaron el mundo del arte en el siglo XIX y la primera mitad del siglo XX. A partir del romanticismo, la exposición llega al expresionismo con detalladas etapas que cubren el impresionismo, el postimpresionismo, el fauvismo, el cubismo, con un especial énfasis en la colonia de artistas de Worpswede, donde por cierto también abrevó en su momento nuestro Horacio Butler.

Obras de artistas alemanes como Caspar David Friedrich, Paula Modersohn Becker, Otto Dix, Ernst Kirchner, Emil Nolde y Max Beckmann se entrecruzan en el tramado curatorial, que estuvo a cargo de Christoph Grunenberg y de Petra Joos, con trabajos de Eugene Delacroix, Paul Cezanne (cuyo “Pueblo entre árboles” ilustra estas líneas), Claude Monet, Vincent Van Gogh y Pablo Picasso, entre otros.

La oferta gastronómica del Guggenheim bilbaíno hace pie en la excelencia que, al respecto, caracteriza al País Vasco. Su restaurant “Nerúa”, cuyo nombre recuerda la denominación romana del río Nervión, se encuentra en los bajos del museo, con entrada independiente justo al lado del emplazamiento de la conocida “Araña Mamá” de la escultora franco-americana Louise Bourgeois. Conduce la cocina del Nerúa el chef Josean Alija (una estrella Michelin) y en su carta encontramos menús de 5 productos, de 9 y el algo pantagruélico menú de 14 productos. En todos los casos, el maridaje es con reconocidos vinos de la vecina Rioja, aunque no faltan los vizcaínos txakolís. Austeros, optamos por el más simple menú de sólo cinco productos, en el que unos aperitivos donde reinan la croqueta de bacalao y el huevo frito, son el preámbulo de la hora de la verdad, encabezada por una ostra al pil pil, a la que sigue la alcachofa con jugo de puerros, el pez gallo en salsa de langostino y el carré de cordero con puré de apios. El postre es una manzana asada con helado de Armagnac.