Bilbao: Los Goyas de Zubieta en el Museo de Bellas Artes

 

Publicado el diciembre 22, 2019

Escrito por Adrian Gualdoni Basualdo

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Ha sido prorrogada hasta el próximo mes de febrero, en las salas del bilbaíno museo de Bellas Artes, la exhibición de tres retratos que Francisco de Goya realizó hacia 1790 de los señores de Adán de Yarza, herederos de una dinastía vasca cuyos orígenes se remontan al siglo XII

Las obras permanecieron a lo largo del siglo XIX y principios del XX en el palacio familiar de Zubieta, en Lekeitio, hasta que en 1937, considerando el curso trágico que tomaba el conflicto que dividió a España, fueron evacuados por el Gobierno vasco, con la conformidad de sus propietarios, a territorio francés. Los “Goyas de Zubieta” entraron desde entonces en cono de sombras, figurando incluso como “de paradero desconocido” en publicaciones dedicadas al artista aragonés y a sus obras.

Fue recién en 1992 cuando investigaciones realizadas por especialistas británicos y estadounidenses localizaron las pinturas, las que permanecían en Francia y en poder de la familia Adán de Yarza. A partir de ese instante, los esfuerzos mancomunados del Gobierno vasco y los museos de Bilbao y del Prado dieron como resultado que los propietarios accedieran a repatriar las pinturas, y que se encararan las tareas de puesta en valor del mismas.

Como corolario, hoy los retratos de D. Antonio Adán de Yarza y Tavira, de su madre Da. Bernarda de Tavira, y de su esposa Da. María Ramona de Barbachano (que ilustra estas líneas) pueden apreciarse junto con una completa documentación que recoge los antecedentes de las pinturas y los avatares que atravesaron a lo largo de su historia. Incluso la caja de embalaje que los trasladó en 1937 se exhibe en la muestra.

Casualmente, y en forma simultánea con el anuncio de la prórroga de esta exposición, el Museo de Bilbao hizo saber de su decisión de encarar las obras de ampliación del mismo, que le han sido encomendadas al arquitecto británico Norman Foster. Por cierto, en el proyecto presentado se incluye un espacio gastronómico que se pretende sea bien representativo de la encumbrada cocida vasca, y del que actualmente carece el museo. Por el momento sólo ofrece a sus visitantes una cafetería apta para el paréntesis breve y reparador, y del que rescatamos el amplio surtido de pintxos tradicionales, ideales para consolidar una copa del fresco y blanco vino txakolí de Biskaia, característico de la región.