Cándido López en el Museo Histórico Nacional

 

Publicado el febrero 10, 2019

Escrito por Sonia Decker

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Hijo de una familia de argentinos de vieja procedencia criolla, Cándido López nació en Buenos Aires en 1840, en el barrio de Montserrat .
Cursa sus primeras letras en la escuela pública, pero ya desde niño calcaba y coloreaba dibujos. Sus maestros fueron Cayetano Descalzi, Baltasar Verazzi e Ignacio Manzoni, con quien tuvo una gran amistad.
Comenzó su carrera artística realizando retratos, lo que le permitía vivir con cierta holgura.
Si bien sus maestros fueron absolutamente académicos, López abandona esta manera de ver la pintura, para volcarse a un estilo propio, mucho más lineal y sintético, que se acentuará con mayor intensidad en la última etapa de su vida cuando se dedica al género de la naturaleza muerta.
Su vida cambiará totalmente el 25 de mayo de 1865, al producirse la inesperada invasión paraguaya que da comienzo a la guerra de la Triple Alianza.
Cándido López se alista voluntariamente  llevando sus lápices, bastidores y papeles a la contienda. Su modesto batallón salió de San Nicolás con 800 hombres y solo retornaron 83, muchos de ellos heridos, como él mismo, al perder su brazo derecho en la sangrienta batalla de Curupaytí. Un tiempo antes, recorrió el campo repetidas veces y desde distintos sitios, tomando notas y apuntes de ambos bandos, hasta que el 22 de septiembre de 1866 se lanza junto con miles de camaradas al ataque de fortificaciones paraguayas, donde muchos argentinos ofrendaron sus vidas.
Cándido López pintó cincuenta y dos cuadros sobre esta guerra, y veinte años después, los expondrá en el Club Gimnasia y Esgrima. El General Mitre los consideró “verdaderos documentos históricos por su fidelidad gráfica y su aporte a la historia argentina”.
Una de ellas es “El campamento en Uruguayana”, fechado en septiembre de 1865. Es un óleo sobre tela de 41×106 cm, propiedad del Museo Histórico Nacional. La obra, de la cual se observa solo uno de sus mejores fragmentos, fue realizada entre 1876 y 1885, cuando el artista tuvo que recomponer su oficio y su técnica,  aprendiendo a pintar con la mano izquierda.
Estas maravillosas escenas, fueron concebidas en un formato muy apaisado que le permitió describir con lujo de detalles cada uno de los episodios de la guerra. Su observación precisa y continua, sumada a una memoria prodigiosa, lograron este magnífico resultado, donde la narración y la belleza se conjugan para relatar la historia.
López combina el relato de cada momento con el tratamiento original del paisaje, casi mágico, impenetrable y un tanto renacentista en la concepción. Bellos follajes, oscuros bosques se contraponen a la brutalidad de la guerra, convirtiéndose en una suerte de redención ante tanta muerte. Nada queda librado al azar. Todo se describe. Pareciera que en estos pequeños paisajes plenos de hombres diminutos, esbozados, delineados apenas, hay un absoluto e inmenso sentido de la realidad y una total conexión con lo representado. Sus descripciones son objetivas, nos brinda un gran despliegue de información, se apoya en la verdad histórica de lo que vivió dándole al conjunto, además,  un profundo sentido didáctico.
Cándido López fallece en Buenos Aires en 1902. El estado Nacional adquiere una parte de sus obras y otras fueron obsequiadas por el propio López a sus camaradas de armas y a algunos historiadores.
El Museo Histórico Nacional se encuentra ubicado en la calle Defensa 1600, sobre el Parque Lezama, y está abierto al público de miércoles a domingos de 11 a 18 horas.