Consideraciones políticas y de mercado sobre Lucio Fontana

 

Publicado el febrero 10, 2019

Escrito por Mario Gilardoni

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Como comentáramos hace dos semanas, la importancia de la muestra de Lucio Fontana en el Met Breuer de Nueva York sirvió para el análisis de la influencia de sus trabajos escultóricos como antecedente de su obra referida al Concepto Espacial. Esta es lo relevante de las muestras que conllevan no sólo la exhibición de las obras sino su análisis e investigación.

El impacto de la muestra ha derivado en otras dos manifestaciones: una de mercado y otra política.

La primera subraya la apropiación total de la nacionalidad del artista que lo señala como “una de las banderas del arte italiano, no solo en Italia sino en el mundo entero”. Uno de los elementos que destacan los italianos es la importancia de su facturación total en las subastas que en 2017 que alcanzó los 65 millones de dólares. En su comentario destacan lo destacado de la serie, que incluye las cinco obras más caras de Fontana. Esta corresponde a su serie de cinco pinturas ovaladas de la serie “Concepto Espacial, El fin de Dios” realizadas en los años 1963/64 que han cotizado desde 30 a 20 millones de dólares.

El segundo análisis se orienta a la filiación política y es plasmado en una publicación neoyorquina, Hyperallergic que se define como un foro para el pensamiento serio, lúdico y radical sobre el arte en el mundo actual. “Lucio Fontana pudo haber pasado el resto de su vida construyendo tumbas colosales y estatuas funerarias para el taller de escultura de su padre en Argentina. En cambio, viajó por el mundo en busca de la inmortalidad”. Así arranca la nota al comenzar a analizar las motivaciones del artista que lo llevan a enrolarse en posiciones políticas vinculadas principalmente con el fascismo.

En su primer período italiano (1939) creó propaganda impresa para el gobierno fascista italiano, ganó un concurso para construir un busto del dictador Benito Mussolini y entró en otro para construir un arco triunfal que celebra la invasión de Etiopía por parte de Italia. En 1939, completó un exagerado techo clásico de desnudos femeninos voladores para el Santuario de los Mártires fascistas en la sede de la Federación de Fascistas en Milán.

A petición de su padre, Fontana regresó a la Argentina en 1940, donde siguió siendo «un germanófilo inveterado», como se llamaría a sí mismo durante la guerra. Cuando Mussolini fue depuesto en julio de 1943, Fontana atacó las reacciones de la «prensa anglosajona» y se unió a editoriales de publicaciones antisemitas y pro nazis como  El Pampero . «Espero que el sacrificio [de Mussolini] calme la ira», escribió en una carta a su familia, «de naciones sin historia, que dominarán el mundo, bárbicamente civilizadas».

A pesar de su ávido apoyo al fascismo europeo, Fontana optó por alinearse con los intelectuales y artistas que se opusieron al gobierno autoritario de Juan Perón, durante su estadía de siete años en Buenos Aires. A pesar de considerar a Argentina como un país de retaguardia cultural, fue allí donde Fontana comenzó a perforar sus lienzos y finalmente fundó el Movimiento Espacialismo, que se dedicó al desarrollo de la abstracción en una instalación de arte.

El trabajo sigue con otros considerandos sobre su posición frente al fascismo y su expresión artística. Para los que deseen leer la nota completa pueden ingresar en https://hyperallergic.com/481104/the-politics-behind-the-massacred-canvases-of-lucio-fontana/