El dólar a 58 pesos no asustó a los compradores. El arte se impuso a la devaluación

 

Publicado el agosto 18, 2019

Escrito por Mario Gilardoni

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Como si no fuera suficiente que el calendario marcara un martes 13 y que muy pocos se habían recuperado del impacto de una devaluación del 25%, cuando evaluaban las bases medidas en dólares del catálogo de la subasta de Sarachaga, establecido semanas antes.

Cómo responderían los compradores con una cotización de la moneda estadounidense que en ese momento no se sabía si había llegado a su piso o aún depararía nuevas sorpresas. A partir de las 19,30 horas quedó s rápidamente despejada la incógnita, con una oferta que parecía haber sido conformada expresamente para realizar una encuesta donde se ofrecían importantes lotes de pintura nacional, extranjera y arte textil gauchesco. En todos los casos la respuesta estuvo a la altura de la calidad de lo ofrecido.

En materia de pintura argentina no hubo dudas en la sala al momento de ofertar sobre una farfala pintada por Emilio Pettoruti al óleo en 1963 sobre una tela de 130×89 cm. Se trataba de “Reposo”, que partiendo de una base de 200.000 dólares, redondeó una oferta final de 287.500 (incluyendo comisión) que la situó como la mayor cotización de la temporada 2019.

El segundo precio en este sector le correspondió a “Rogativa a la Virgen del Valle”,  pintada por Alfredo Gramajo Gutiérrez en 1942, óleo de 52×81 cm, que cotizó 87.500 dólares.

El tercer precio de los maestros argentinos fue para Miguel Victorica por “Flora”, óleo de 14ox108 cm, fechada en 1940. El martillo determinó un precio final de 46.000 dólares.

Dos destacadas pinturas europeas también marcaron importantes precios. La primera, del cotizado artista francés Henri Le Sidaner, por el óleo “Les roses au soleil du matin” de 72×92 cm fue pagada 241.500 dólares, mientras que “Vielles maison su printemps”,  de 90×116, ejecutada por Henri Martín, alcanzó 159.000 dólares.

Un dato curioso se planteó la noche siguiente por la composición de la sala, donde se notaba una fuerte participación de un público diferenciado por ciertas características que los vinculaban con la actividad agropecuaria. Esta presencia fue convocada por la oferta de arte textil de la reconocida colección Alfredo Anchorena.

Los lotes más cotizados correspondieron a un poncho que perteneciera a un cacique ranquel, que cotizó 44.000 dólares y un chiripá pampa de guarda atada se pagó 40.000.