El largo viaje de una araña hasta La Boca

 

Publicado el marzo 21, 2011

Escrito por Mario Gilardoni

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Unas dos mil personas asistieron el sábado pasado en Proa a la inauguración de la muestra «Louise Bourgeois: el retorno de la reprimido». El número es infrecuente en Buenos Aires. Tanto como la calidad de la muestra y el magnetismo de la obra emblemática de la exposición, la colosal araña «Maman» emplazada en la explanada de Proa. La muestra y la presencia de la araña en el paisaje de La Boca es un verdadero acontecimiento, un privilegio que hasta ahora sólo habían tenido lugares centrales del mundo del arte, como el Guggenheim de Nueva York, la Tate Gallery de Londres o el Guggenheim de Bilbao. Y la gente responde a esos acontecimientos. Quedó claro el sábado a las seis o siete de la tarde frente al Riachuelo y bajo la espectacular luna llena, cuando una larguísima cola serpenteaba frente a la puerta de Proa llena de gente ansiosa por recorrer la exposición, que abarca sesenta años de producción de Louise Bourgeois (París, 1911 – Nueva York, 2010), sin duda una de las artistas más importantes del siglo veinte.
La pequeña multitud reunida el sábado a los pies de la araña desconocía los inconvenientes de los días previos que inquietaron a los organizadores de la muestra y demoraron un par de días la llegada de la colosal escultura y su emplazamiento. Después de navegar en barco durante un mes con destino a Buenos Aires, la araña estuvo finalmente en su sitio el viernes a las tres y media de la tarde. El problema se inició cuando, al cargar la pieza en la en Nueva York, se anotó en los documentos de la aduana de allá que su peso era de 22.000 kilos y no de 22.000 libras, es decir, poco menos de 10.000 kilos, como es en realidad. En su propia documentación, Proa no se había manejado con el peso, sino con las medidas de la obra de bronce, acero inoxidable y mármol: 927,1 x 891,5 x 1023,6 m. La consecuencia de ese detalle -la diferencia entre el peso denunciado en los documentos y el peso real- fue que al llegar a Buenos Aires, el lunes 14, la araña quedó retenida en la Aduana. Fue necesario que en Nueva York el Louise Bourgeois Studio rehiciera los papeles nuevamente con el peso correcto y los enviara a Buenos Aires. Recién tres días más tarde, el jueves, la araña fue liberada en la Aduana y llegó a la puerta de Proa a la mañana temprano. Y el armado e instalación de la pieza se realizó en 16 horas. El encargado de la instalación, Edward Mc. Aveney, de Louise Bourgeois Studio, de Nueva York, vino especialmente a la Argentina para el emplazamiento. Fueron, para él y para todo su equipo, dos jornadas de intenso trabajo. Pocos saben que cada una de las ocho patas de «Maman» viaja dividada en dos partes, que primero se encastran y luego se elevan y se adosan al cuerpo. Finalmente, se pone la cabeza.
Del montaje del resto de la exposición -85 obras- curada por el neoyorquino Philip Larrat-Smith -presente en Buenos Aires lo mismo que Jerry Gorovoy, asistente de Bourgeois durante décadas- se ocupó el equipo de Proa.
Es claro que el costo económico de una muestra como ésta excede las posibilidades de la Argentina, por lo que fue fundamental el respaldo de Tenaris / Organización Techint de la Argentina, pero sobre todo de la misma empresa de Brasil. Hay que recordar que después de su paso por Buenos Aires la exposición se presentará en el Instituto Tomie Ohtake de San Pablo y el Museu de Arte Moderna de Río de Janeiro.
Uno de los costos más importantes es el del seguro, cuya tasación de «Maman» está en una cifra entre los 22 y los 25 millones de dólares. No es arriesgado suponer que la tasación del resto de la exposición debe ser una cifra igualmente impresionante.
Tener una obra como «Maman» expuesta en el espacio público requiere además medidas extraordinarias de seguridad. Aparte de la habitual seguridad privada de Proa, hay otro servicio especialmente contratado por los responsables de a escultura. La araña, entonces, será custodiada día y noche por lo menos hasta el final de la muestra, el 19 de junio próximo. Y hasta agosto, si prosperan las gestiones -ya avanzadas- para que continúe en la explanada de Proa aún después de terminada la muestra, ya que la exposición de Río de Janeiro no se inaugura hasta setiembre y no es necesario que la araña viaje hasta entonces.
«Louise Borgeois: el retorno de la reprimido» es, sin duda, la muestra del año en Buenos Aires. La gente de Proa tiene razones para estar orgullosa. Pero no se duerme en los laureles: aunque aún es extraoficial, se sabe que para el año que viene tienen reservada otra sorpresa: una muestra de Alberto Giacometti.