El mundo sensible de las aldabas

 

Publicado el mayo 30, 2011

Escrito por Mario Gilardoni

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manoAldaba (del árabe ad-daba) es una palabra que casi ha caído en desuso en el lenguaje contemporáneo ya que, según una de las acepciones del diccionario de la Real Académica Española se trata de una pieza de hierro o bronce que se fija en las puertas para llamar golpeando con ella, por lo que seguramente de allí también deriva su nombre de «llamador».
Pues bien, en la mayoría de los casos esas pequeñas estructuras ostentaban diseños sofisticados producidos en países tales como Suiza, Alemania, España o Italia. En la Argentina se importaban y hasta hace algunos años, era posible verlos en muchos edificios antiguos, como sobrevivientes del avance incontenible producido por las demoliciones, los timbres, los porteros eléctricos y las células fotoeléctricas y principalmente de los depredadores (donde a veces no está ausente algún coleccionista).
Sin embargo, la elegancia y delicadeza de sus formas nunca pasaron desapercibidas para el ojo sensible de quienes recorrieron los viejos barrios donde era posible observarlas todavía adjuntas a las puertas de madera decadentes de las viviendas generalmente desocupadas, como en el antiguo de San Telmo, Boedo o Caballito, por ejemplo, donde algunos jóvenes impetuosos las arrancaban para llevarlas como recuerdo.
Para el ojo atento del anticuario y del coleccionista de estas curiosas piezas, su aparición en cualquier subasta de antigüedades siempre es una fiesta, como ocurrió el 19 de mayo en la casa J.C. Naón y Cía. donde se ofrecieron tres tableros colgantes de madera con 72 aldabas de bronce dorado procedentes de la colección de Pablo Firpo Peña, que fueron vendidos en 2.000 dólares.
El conjunto exhibía esos llamadores de bronce diseñados con la forma de manos femeninas pequeñas y grandes apoyadas sobre una bola del mismo material, que al ser golpeados sobre la puerta de madera avisaban a los moradores de la casa que un visitante estaba esperando en la puerta, sin imaginarse que en el futuro esos pequeños objetos colgantes a la intemperie serían apreciados por el valor sentimental que representan.