El precio de una pintura de Churchil o del juego Super Mario o el de las zapatillas de María Antonieta permitirían armar una colección de arte argentino

 

Publicado el noviembre 22, 2020

Escrito por Mario Gilardoni

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Las paradojas del coleccionismo internacional: cómo el exceso de dinero en algunas manos permite lograr precios que en países como el nuestro permitirían construir colecciones de nuestros artistas bastante interesantes (especialmente en la actual coyuntura de la relación peso-dólar).

Un ejemplo de cómo ciertos lotes, que en muchos casos están referidos a la portación de apellidos, es el que surge de una pintura de Sir Winston Churchil. La obra del ex Primer Ministro británico siempre ha sido calificada como la de un autor aficionado, es decir con méritos plásticos nada relevantes.

Por ese motivo no deja de sorprender que un comprador deseoso de poseer un “souvenir” proveniente del pincel de este histórico personaje, estuviera dispuesto a batallar duramente en la puja por la compra de una pintura: “Jarra con botellas” realizada en la década del 30, por la que pagó 1.300.000 dólares, casi 9 veces más de lo estimado.

El motivo de la obra no deja de ser significativo como muestra de su famosa afición etílica –además de los grandes cigarros- que poseía el líder británico. El tema central es una botella de su whisky preferido, el Johnny Walker etiqueta negra, que solía beber en el desayuno, eso sí con el agregado de soda (algo imperdonable para los cultores de ese whisky) acompañada de una botella de brandy, jarra y vasos.

Fuera del campo de las Bellas Artes, no deja de ser significativo que un producto industrial vinculado con el entretenimiento que generan los videojuegos se pagara 156.000 dólares (su base fue de 52.500) contabilizando 20 postores, marcando el récord obtenido por esta especialidad. En este caso se trató de una copia sellada de la versión 3 de Super Mario Bros. fabricado en 1990. Una versión de 1985 ya se había vendido en 114.000 dólares. Una de las razones del precio fue el impecable estado de conservación, a  lo que se suma que en este caso en particular aparecía la palabra Bros, impresa sobre uno de los guantes blancos del personaje!!!!. No deja de ser curioso que la subasta de esta especialidad recaudara un millón de dólares en ventas.

Aunque lejos de estos valores es interesante conocer a cuanto cotizó una zapatilla blanca de seda y cuero de cabra que calzara la última reina de Francia, María Antonieta.

La real zapatilla quedó en manos de una amiga de la camarera principal de la reina y se mantuvo en propiedad de la familia 227 años. Lo interesante es que más allá de la real prosapia del calzado su precio, 50.000 dólares, dista muchas veces lo que se paga hoy día por las zapatillas de basquet de colección Nike. Ni qué hablar si las hubiera calzado el plebeyo estrella de ese deporte, Michael Jordan, que no se pueden adquirir por menos de 100.000 dólares.