Europa muy atenta por la proliferación de obras falsificadas

 

Publicado el agosto 7, 2022

Escrito por Mario Gilardoni

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Si bien ningún mercado esta exento de la presencia de obras falsificadas, incluido el argentino, hay un recrudecimiento del arte de falsificar. La sobreabundancia de dinero Blanco y Negro, la inseguridad que ha rodeado algunas formas de bienes patrimoniales, los nuevos adelantos técnicos que permiten realizar obras en algunos casos indetectables, se suman a la escasa formación de algunos coleccionistas que se dejan tentar por “oportunidades”, que desean obtener un verdadero “trofeo” que les permita  mostrar su “olfato para los negocios”.

La historia del arte es la historia de una falsificación. Cuanto más dinero mueve el mercado, más obras fraudulentas aparecen. También ayudan las aconteceres del tiempo político. Por ejemplo, tras la caída del telón de acero y el fin de la antigua Unión Soviética, se vivió una marejada de falsificaciones de cuadros constructivistas rusos. Occidente los quería y la falta de documentación de las obras era justificable en un imperio cuarteado. “Algunos historiadores de arte de Europa del Este estaban dispuestos a certificar cualquier cosa a cambio de dinero”, narra un experto en autentificación. “Al día de hoy, el arte ruso de principios del siglo XX continúa siendo muy problemático”.

El “buen” falsificador resulta astuto. Equilibra esfuerzo y ganancias. Un dibujo sobre papel antiguo exige minutos. Una pintura al óleo en el lienzo adecuado —empleando la técnica y los pigmentos correctos— requiere una preparación larga. A cambio, promete elevados beneficios. Otra opción es conseguir un cuadro de época y añadirle la firma.

Otra vía son los “pastiches”. Unir, por ejemplo, diferentes fragmentos de cerámica arqueológica para crear una obra nueva. “En Nápoles ha sido muy frecuente usar mármol del subsuelo y catacumbas para crear mesas de piedras duras del siglo XVII. La única forma de descubrir la realidad es analizar el pegamento que se ha empleado para unir las diferentes partes”, revela el conocido anticuario español Nicolás Cortés que ha circulado por nuestro país durante años. Todo es falsificable. En España, tras la prohibición del comercio de marfil, se ha desprendido un alud de falsos actuales que tratan de semejar una escuela hispano-filipina, o similar.

Pero las falsificaciones ocurren en el pasado y en el presente. A mediados de junio, el director de la galería nacional de Eslovenia, Pavel Car, tuvo que dimitir, después de que una investigación destapara que 160 obras —Picasso, Degas, Munch, Turner, Chagall, Van Gogh o Matisse, entre otras— prestadas por la familia Boljkovaca (las atesoró el desaparecido, Josip Boljkovac, ministro del Interior croata, entre 1990 y 1991), eran, al menos en gran parte, aparentemente falsas. De ser auténticas habrían superado los 1.000 millones de euros.

A finales de ese mes, el FBI confiscaba en el Museo de Arte de Orlando (Florida) las 25 obras atribuidas a Jean-Michel Basquiat de la exposición Héroes y Monstruos. La calidad y la procedencia de las piezas alumbraron las sospechas. Adiós a un negocio de 100 millones de euros. Una semana antes, un marchante de Palm Beach fue acusado de vender Basquiats, Warhols, Matisses y Lichtensteins falsos. ¿La nueva edad de oro de lo falso?

En el ordenamiento jurídico, en general no existen tipos penales específicos por la falsificación de obras de arte. Hay dos opciones: situarlos como delitos relativos a la propiedad intelectual o a la estafa. Este último, quizá, exige una mirada más atenta. Tiene que haber engaño y que se produzca lo que los abogados denominan “desplazamiento patrimonial”. O sea, que el objetivo sea lucrarse. En el mercado del arte, las formas habituales de construir este engaño van desde las obvias (firmar un cuadro) hasta las más complejas puestas en escena para burlar a la víctima. Aunque la jurisprudencia tiene en cuenta la diligencia del comprador cuando efectúa la adquisición. “Pese a que el volumen de falsificaciones no resulta despreciable, por lo que cuentan los operadores del arte, tampoco hay evidencias, a partir de las estadísticas publicadas, que acrediten que existe un gran número de condenas penales”, observan fuentes jurídicas. La ley pinta poco.

Trastiendaplus recuerda de un juicio realizado hace años en nuestro país. Un conocido coleccionista accionó contra una vendedora de un par de dibujos de Spilimbergo. Durante el juicio se determinó que las obras eren falsas, que la vendedora había realizado estudios superiores de Bellas Artes. Que sus compañeros le comentaban que “sus dibujos se parecía a Spilimbergo”, artista que la vendedora dijo “desconocer de haberlo estudiado”!!!.

En síntesis como no se demostró en el juicio la intención o mala fe en la venta, los tres jueces que presidían el juicio determinaron que no hubo intención de dolo, marcaron en el reverso las obras como falsas y condenaron al coleccionista a pagar las costas.