Horacio Butler en Martín Sarachaga

 

Publicado el abril 7, 2019

Escrito por Sonia Decker

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En agosto de 1897 nace en Buenos Aires Horacio Butler. En 1915 ingresa a la Academia de Bellas Artes. En 1922 viaja a Alemania y se instala en la colonia alemana de Worspede, estadía que le sirve para darse cuenta que la pintura era realmente algo diferente, tanto desde lo espiritual como desde el punto de vista técnico. Si en Buenos aires se había liberado del Impresionismo, la experiencia alemana le sirvió para tomar una prudente distancia del expresionismo y crear su propia pintura.

En 1923 ya estaba en Paris junto a Aquiles Badi, uniéndose más tarde a ellos Spilimbergo, Basaldúa, Berni, y tantos otros. Todos asimilaron el clima artístico del momento y fueron los gestores de la transformación de la plástica argentina en la segunda mitad de la década de 1920.

Después de un breve paso por el taller de André Lothe, seguirá trabajando con Othon Friesz hasta 1928, quien le inculca el sentido de la unidad de la luz, de la figura y del concepto en la obra. Descubre el encanto de los negros profundos y reconoce en el eterno recuerdo  de Cézanne el valor de la pintura plana y su sentido de construcción pictórica.

Ya en Buenos Aires, en 1940, la cultura europea asimilada en el hábitat argentino, se transforma en un lenguaje universal. La Escuela de Paris se hace Escuela Argentina. Butler abre una nueva etapa y se vuelca  a los paisajes del Tigre, dando a sus cuadros un extraordinario sabor propio.

En la casa de subastas Martín Saráchaga se ofrece una excelente obra de este período, titulada “ Mañana de sol” ( 64 x100cm), que muestra la particular luz argentina que Butler supo captar lenta y progresivamente de manera total. El artista no pinta una hora determinada: pinta la luz total del Tigre, que baña cada porción de la obra. Son sus vivencias más íntimas, que componen la realidad del instante, y tal vez la nostalgia de sus mejores recuerdos.

En un lenguaje argentino, localiza lo universal y se afirma en su mejor expresión propia. Ordenando el caos, domina a la naturaleza y somete su desmesura. Todo se conjuga en el plano pictórico con elementos abstractos y figurativos por igual,  transformando el cuadro en una verdadera fiesta visual.

Horacio Butler recibirá numerosos galardones, en 1943 es nombrado miembro de la Academia Nacional de Bellas Artes y realizará trabajos de ilustración y escenografía  En 1965 ganará el concurso para la realización del tapiz del altar mayor de la Iglesia de San Francisco, en  la Ciudad de Buenos Aires.

Fallece en Buenos Aires en 1983.

Esta excelente pieza, que fuera expuesta en la Galería Bonino donde Butler realizó varias de sus exhibiciones, sale a remate el día 11 de abril, con una base de 15000 dólares. Todo un desafío para coleccionistas y compradores de grandes maestros de nuestra plástica.