La confrontación hasta nuestros días ¿Quién era mejor artista: Hitler o Churchill?

 

Publicado el febrero 3, 2019

Escrito por Mario Gilardoni

Foto autor

Si hubo dos antagonistas extremos en la Segunda Guerra, sin duda fueron Adolfo Hitler y Winston Churchill. Sin embargo, curiosamente, cultivaron una afición común: la pintura.

Sin embargo, las motivaciones fueron muy distintas. En el caso de Hitler su vocación se despertó en su juventud, así como su gran frustración al ser rechazado en dos oportunidades por la Academia de Bellas Artes de Viena por considerarlo carente de aptitudes para la pintura. La actualización del tema surgió por la acción de la policía alemana que secuestró varias obras falsas de Hitler que iban a ser puestas a la venta en una subasta.

Otra similitud fue que tanto el dictador nazi como el político británico dedicaran una mención a su inclinación por el arte. Hitler lo hizo en su famosa obra “Mi lucha” y Churchill en su libro “La pintura como pasatiempo”. Lo que éste no menciona  es su cualidad terapéutica, ya que comenzó a pintar a los 40 años, en medio de la depresión resultante de su destitución del Almirantazgo en 1915, como consecuencia del desastre que protagonizó en la campaña de Garnípoli, en la Primera Guerra Mundial.

La consideración de las pinturas de ambos no hubieran merecido la atención de los coleccionistas si no hubiera sido por la relevancia política de los protagonistas. Y el mercado de alguna forma puso su calificación.

La obra del premier británico estuvo caracterizada por un estilo próximo al impresionismo, donde plasmó distintas imágenes de Europa, ya que en toda ocasión iba acompañado de su caja de pinturas y aprovechaba cuanta oportunidad tenía para descargarse de la tensiones que le generaba conducir la estrategia contra las fuerzas del Eje.

En cambio, la obra de Hitler no se apartó de un realismo estricto, resultante de la copia de postales o edificios que le servían para vender a los turistas.

El mercado decidió que una obra del personaje del habano se vendiera en 1,8 millones de libras, mientras que alguna del personaje de peinado y bigotes característicos lograra 40.000 euros.

En todos los casos la consideración de las obras por parte de los coleccionistas fue exhibirlos como una curiosidad, más que de ensalzar sus virtudes plásticas.