La Inteligencia Artificial irrumpe en los vericuetos de la comercialización del arte

 

Publicado el octubre 28, 2018

Escrito por Mario Gilardoni

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Sumándose a la confusión general respecto a qué es una obra de arte, se suma ahora un nuevo avance en la participación tecnológica en su “creación”. Este es el caso de la Inteligencia Artificial, actualmente cada vez con mayor aplicación a la actividad humana.

Por su incursión en el arte, como lo ha hecho el retrato de “Edmond de Belamy”, generado por por la utilización de un algoritmo e incluído la semana pasada en una subasta de Christie’s. Esta forma de programación se utilizó para alimentar al sistema con las imágenes de 15.000 retratos pintados entre los siglos XIV y XX. Por este medio se produjo “un retrato nebuloso de lo que parece ser un clérigo bien alimentado, posiblemente francés, proveniente de un período indeterminado en la historia, con el título de Edmond Belamy”. Esta pintura pertenece a un conjunto de 10 imágenes que dan origen a la colección de la ficticia familia Belamy. Como prueba de la originalidad de las obras, estas están firmadas manualmente como “min G max D 𝔼x [log (D (x))] + 𝔼z [log (1 – D (G (z)))]”, y se refiere al algoritmo o red adversarial generativa (GAN), que produjo el trabajo.

Este procedimiento fue creado por Ovbious, una organización con sede en París e integrada por un estudiante de automatismo y dos graduados de escuelas de negocios, ninguno de los cuales tienen experiencia en arte. Algo que resulta Obvio viendo los resultados de la experiencia.

El que nos encontramos frente a otro ingenioso medio de marketing vinculado a la comercialización del arte –o frente a la incomprensible mentalidad de algunos coleccionistas (recordad la reciente “venta” del Basky en tiritas)- es que la obra fue puesta en la tarima de la subastadora con una base estimada entre 7.000 a 10.000 dólares y que finalmente tras “ardiente puja” un anónimo comprador la pagó 432.500 dólares. Lamentablemente para su calificación como comprador, sus acciones deben haber bajado notablemente al enterarse que poco antes otro coleccionista pagó 10.000 dólares por otra pintura de la familia.

A la luz de los resultados, pensamos que los artistas no deberán temer a una nueva competencia. Por otra parte comenzarán a plantearse interrogantes respecto a los derechos intelectuales de la autoría. Así como otros temas legales que deberían surgir de la utilización de estos procedimientos, que no son nuevos y que se vienen experimentando desde hace unos cincuenta años.