La tendencia del museo inmersivo en el MIS de San Pablo con obra de Da Vinci

 

Publicado el febrero 2, 2020

Escrito por Mario Gilardoni

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Se consolida la tendencia de los museos de generar espacios inmersivos que vinculan una muestra de obras de arte con aspectos relacionados al mundo del espectáculo mediante el uso de la tecnología.

Un ejemplo de esta forma curatorial se presenta desde hace dos meses en el Museo de Imágen y Sonido (MIS) de San Pablo con la muestra “Leonardo Da Vinci, 500 años de un genio”, que se prolongará hasta el 1° de marzo. Con un costo de 8,5 millones de reales (unos 2 millones de dólares) fue montada en un galpón de 2.000 metros cuadrados lo que permite presentar réplicas de máquinas inventadas por Da Vinci, en tamaño real, pantallas interactivas, más una sala con 34 telones de alta resolución que reproducen obras del artista en movimiento y al son de música barroca.

Una de las intenciones detrás de esta forma de exhibición es permitir a aquellos familiarizados con los smartphones generar videos y fotos que pueden ser compartidos en las redes sociales. Una prueba del éxito de la muestra es que desde el 2 de noviembre ya fue visitada por 270.000 personas.

Esta modalidad “inmersiva”, que inicialmente fue rechazada por la mayoría de los museos, ha ido captando adeptos con el correr de los años. Una prueba de ello fue el reciclado, con el auxilio de la tecnología, de un sector del museo del Louvre, que recibe 10 millones de visitantes anualmente, para permitir exponer una muestra similar por los 500 años de Da Vinci uniendo obras originales del artista con sistemas de realidad virtual, que una vez que se sortean las largas filas, permite ver la “Mona Lisa” con ojos de 3D.

También el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MOMA) cerró sus puertas por cuatro meses por reformas. Con una inversión de 450 millones de dólares permitió redistribuir su patrimonio de modo de lograr un mayor diálogo con las nuevas generaciones.

Según la opinión del director del MIS, esta forma inmersiva es una óptima forma que permite mostrar las obras sin moverlas y sin necesidad de viajar. Así, la tecnología pone  la sonrisa de la Mona Lisa al alcance un público masivo. El resultado obtenido por este Museo es una bocanada de aire fresco en un país que no cuenta con una buena mirada del gobierno por el arte en general (que cuestiona la ley Rouanet de incentivo a la cultura) especialmente después del imprescindible desplazamiento del secretario de Cultura por manifestaciones nazis y que es sustituido por la actriz Regina Duarte (que es cuestionada por el financiamiento de una de sus producciones, la telenovela “A rahinha da sucata”, nada nuevo para los argentinos) que deberá convivir con personajes que afirman que la tierra es plana, que el rock es cosa del diablo, que el analfabetismo es culpa de los artistas o que la esclavitud en Brasil fue buena para los esclavos.