Las protestas populares chilenas, también cuestionan el patrimonio escultórico

 

Publicado el enero 27, 2020

Escrito por Mario Gilardoni

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Las manifestaciones populares que viene jaqueando desde hacer ya más de tres meses al gobierno de Sebastián Piñera, se expresan también en una forma de vandalismo con las esculturas emplazadas en el territorio chileno.

Hasta el momento ya han sido dañados 329 monumentos como una forma de presionar contra la institucionalidad del país, exigiendo reformas de fondo, utilizando las esculturas como un gran pizarrón para las proclamas demandas sociales. Las obras casi desaparecen bajo decenas de rayaduras, pintadas con aerosol o elementos pegados.

De estas obras, 24 ya se han perdido definitivamente y han sido retiradas o reemplazadas.

Pero detrás de esta acciones existe una intención ideológica que responde a nuevas teorías históricas desarrolladas por investigadores que muestran una nueva visión de las enseñanzas de la educación formal. Esta forma de revisionismo expresa las nuevas visiones respecto a los procesos de colonización y de episodios históricos impopulares.

Un ejemplo de este proceso se manifiesta por el retiro del monumento en honor del conquistador español Francisco de Aguirre, que fue reemplazado por la instalación de la escultura “Milanka” en homenaje a la mujer de la cultura indígena diaguita.

“Como institución, lamentamos el daño al patrimonio y monumentos. Se trata de bienes públicos y comunes que son parte de un legado, de una historia y memoria colectiva que se desdibuja o se pierde”, indica Consuelo Valdés, ministra de Cultura. Pero añade: “Junto a esa lectura y definición, también creemos que los hechos recientes vienen a confirmar que el patrimonio es un bien simbólico, dinámico y en permanente reflexión. Su significado está constantemente abierto a la discusión democrática, ya que estos bienes existen, se protegen, tienen sentido y vigencia en la medida que representan algo para la sociedad”. La ministra defiende que “cada generación y comunidad puede someter su valor a revisión y debate, pero siempre a través de un diálogo republicano amplio, tolerante”.