Lino E. Spilimbergo en el Museo Caraffa

 

Publicado el febrero 24, 2019

Escrito por Sonia Decker

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Lino Enea Spilimbergo nace en Buenos Aires en 1896. Cursa en la Academia Nacional de Bellas Artes, recibiéndose de profesor en 1917. Con este flamante título viaja a Europa y estudia fervorosamente a los artistas del Renacimiento y a los primitivos italianos. Su condición de eximio dibujante se evidencia desde sus épocas de estudiante y esto le otorga su primera recompensa con el premio de Grabado en el Salón Nacional de 1922.
Su espíritu andariego lo lleva a recorrer nuestro país, especialmente la zona cuyana. Realiza su primera exposición individual en San Juan en 1921. En 1925 recibe, también en el Salón Nacional, el Premio Único al Mejor Conjunto.
Estando en Europa ese mismo año, junto a otros artistas argentinos con los que forma el Grupo de los Siete (Raquel Forner, Alfredo Bigatti, Aquiles Badi, Horacio Butler, Pablo Curatella Manes y Antonio Sibellino) toma contacto con André Lhote y su experiencia constructiva en el dibujo.
Su labor docente será muy importante y, entre muchas otras actividades, se le encomienda organizar y dirigir la sección del Instituto Superior de Bellas Artes de la Universidad de Tucumán.
En 1946 pintará parte de los murales de la Galería Pacífico junto a Berni, Castagnino, Urruchúa y Colmeiro, donde desarrolla la técnica utilizada por David Alfaro Siqueiros, con quien compartieron la ejecución del trabajo realizado en la quinta de Natalio Botana.
Desde Europa y ya en nuestro país, siguió enviando obras a los Salones, obteniendo numerosos premios, hasta alcanzar en 1937 el Gran Premio de Honor del Salón Nacional. Y ese mismo año, en la Exposición Internacional de París, recibe el Gran Premio de Pintura y la Medalla de Oro al Grabado.
Más adelante se dedicará a diferentes temáticas, como la pintura del paisaje, la eterna figura, sus espléndidas «terrazas» y sus magníficos grabados y monocopias de las cuales «La Serie de la Vida de Ema» son el testimonio más sublime.
Spilimbergo fallece en Córdoba en marzo de 1964.
Su obra «Campesina italiana», que puede verse en las salas del Museo Emilio Caraffa en Córdoba, es un óleo sobre tabla de 184x 100 cm que fue pintado en 1928. Las enseñanzas del taller de Lhote se dejan ver en esta potente figura, donde lo clásico se entrelaza con lo moderno en perfecta armonía. Spilimbergo comprendió que la pintura renacentista puede actualizarse en un presente concreto como si el pasado se transformara en un presente vivo y creador. Por eso Lhote descubrió en Cezanne a un pintor clásico pero con una visión nueva en el manejo de los planos y en el desarrollo de la construcción compositiva.
El colorido mineral del norte argentino deviene en una explosión de rojos vibrantes en una paleta viva e intensa manejada con la audacia de una nueva realidad. Una línea de fuerza va delineando la monumental figura, casi escultórica, donde la geometría domina toda la composición abarcando la totalidad el lienzo.
Spilimbergo se anima a la novedad, transfigurando la visión clásica de una campesina en una resolución casi poética. La estructura de esta bella figura se impone a la mirada del espectador haciendo abstracción de cualquier anécdota. Podemos apreciar la potencia de las formas que definen el cuerpo de esta mujer nueva, donde la simbología tradicional deja el lugar a una novedosa concepción. El paisaje, de absoluto acento renacentista, la envuelve en planos verticales ascendentes, donde los azules enmarcan los cálidos rojos de la vestimenta otorgando a la composición una gran serenidad y una perfecta armonía.
Spilimbergo logra, a través de un sólido dibujo que boceta las formas femeninas, penetrar en el carácter de esta mujer, en su historia íntima y humana.
El Museo Emilio Caraffa en la ciudad de Córdoba está ubicado en la calle Poeta Lugones 411 y su horario de apertura al público es de martes a domingos y fFeriados de 10 a 20 horas.