Madrid: Balenciaga y el arte español en el Thyssen

 

Publicado el julio 14, 2019

Escrito por Adrian Gualdoni Basualdo

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La muestra “Balenciaga y el arte español”, que ofrece el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, se ha convertido en el suceso de este verano madrileño. Notas en todos los medios, y coberturas especiales en revistas como Vogue y Harper’s Bazaar, le dan a esta exposición un espectro de interés que excede el propio de una muestra de arte.

A través del diálogo que entablan unos setenta vestidos creados por Cristóbal Balenciaga (1895-1972) tal vez el nombre mayor de la alta costura española, con otras tantas pinturas representativas del arte de los siglos XVI al XX, el curador Eloy Martínez de la Pera explora los vínculos que se establecen entre ambas disciplinas y pone bajo las luces la influencia que grandes maestros como Velásquez, El Greco, Zurbarán, Goya y Zuloaga (ver ilustración) tuvieron en los diseños del modisto vasco.

Los vestidos expuestos proceden, en su mayor parte, del Museo Balenciaga, en su Guetaria natal, en Euskadi, y del Museo del Traje de Madrid. Las pinturas, al margen de las que son propias del Thyssen, fueron cedidas por los museos madrileños del Prado, Cerralbo y Lázaro Galdiano, el Museo de Bellas Artes de Bilbao y colecciones privadas, como la de la Casa de Alba-Palacio de Liria.

En el libro-catálogo especialmente editado (32 euros en la librería del museo), el curador Martínez de la Pera, en apretada síntesis, señala: “Las referencias al arte y la cultura española estuvieron siempre muy presentes en el trabajo de Balenciaga. Las líneas simples y minimalistas de los hábitos religiosos o el volumen arquitectónico de estos tejidos son una constante en muchas de sus piezas. El aire de la bata de cola de una bailadora flamenca que se deja ver en los volantes de algunos vestidos, los brillos del traje de luces de un torero trasladado con maestría al paillette bordado de una chaqueta bolero o la estética de la indumentaria en la corte de los Austrias reflejada en las negras telas aterciopeladas adornadas con azabache de sus creaciones, son solo algunos ejemplos. Balenciaga revisaba continuamente la historia del arte y, con una fuerte personalidad y estilo propio, mantuvo esas influencias hasta en su periodo más vanguardista, recuperando hechuras históricas y reinterpretándolas de manera muy moderna.”

Ideal complemento de una visita nocturna a esta muestra es aprovechar la espléndida terraza del museo. Allí, en el 5° piso y con buenas vistas al Paseo del Prado y a los jardines del Retiro, el restaurant “El Mirador” se aleja del tipismo de la cocina española tradicional y sorprende con la contemporánea sofisticación de platos como la terrina de pato, con dulce de pimientos-hot y chocolate amargo, que, por cierto, combina muy bien con una copa de vino de la Ribera del Duero.

 

La muestra estará abierta al público hasta el fin del verano, cerrando sus puertas el 21 de septiembre próximo.