Museos del mundo. La hora de las colecciones permanentes

 

Publicado el junio 21, 2020

Escrito por Adrian Gualdoni Basualdo

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De acuerdo a pautas que, con ciertas particularidades, son análogas en todos los países que ya han iniciado sus procesos post pandemia, los principales museos del mundo ya han reabierto sus puertas, o al menos ya están poniendo una fecha más o menos próxima para concretar sus reaperturas. Alguna excepción queda, y muy significativa por cierto, como es el caso del Metropolitan de Nueva York, que ilustra estas líneas, arquetipo del museo que cuenta sus visitantes en cantidades de siete cifras y que aún nada ha dicho acerca de su reapertura.

En todos los casos ya conocidos, los museos han puesto sus mayores esfuerzos en la adopción de medidas sanitarias que cubren el amplio arco de procedimientos usuales. Desde el obligatorio tapabocas o barbijo para visitantes y personal, hasta la distancia ampliada entre mesas en cafeterías y restaurantes, pasando por tiempos máximos para las visitas, toma de temperatura corporal en los ingresos de público, prohibición de visitas guiadas o grupales, instalación de estaciones sanitarias en las salas, con dispensadores de alcohol en gel, desinfección constante de las instalaciones, etc.

Obviamente todo lo señalado hace referencia a la infraestructura de los museos y su adaptabilidad a las exigencias de los tiempos que corren. Y en ellas la coincidencia de procederes es forzosa.

Distinto es el manejo de los contenidos de los museos en orden a las exposiciones que ofrecen. En esto caben dos posibilidades básicas. Una es la de las instituciones a las que el cierre intempestivo sorprendió con importantes muestras temporarias en curso. Estas muestras, que suelen concretarse con el aporte de obras procedentes de otras colecciones públicas o privadas, de golpe se encontraron “varadas” en los museos en los que hallaban a préstamo. Fletes, seguros, contratos, son sólo algunos de los temas cuya resolución a distancia hubo que encarar. Hubo estupendas exposiciones lamentablemente desmontadas, y otras a las que fue posible prorrogar. Sólo como ejemplo de estas últimas citemos las muestras en homenaje al Quinto Centenario de Raffaello, en Roma o la dedicada a los retratos de Rembrant, en Madrid, ambas hoy felizmente a disposición del público.

Los otros museos optaron por echar mano a sus colecciones permanentes. Privilegiando a sus obras más convocantes, como hizo el Prado de Madrid modificando radicalmente sus recorridos tradicionales, o esforzándose sus curadores en buscar en sus depósitos aquellas “curiosidades” por largo tiempo sustraídas a la visión del público. La cuestión resultó positiva para sacar a la luz la obra de artistas algo olvidados u opacados por las luces más brillantes de las pinturas y esculturas favoritas de quienes formaban largas filas (hoy eludidas) en las taquillas de los museos. Lo que pudo parecer una fácil solución a la mano resultó a la larga una política que benefició a todos.

Como estas notas fueron realizadas en la intimidad de mi escritorio, a la hora del refrigerio hubo que acudir a los recursos propios. Qué mejor, entonces, que un jarrito de café, con el agregado generoso de “unas gotas” que enaltecen su impacto, y el toque sólido y nacional de un alfajor marplatense.