Todos los signos que afectan a los distintos sectores culturales son sombríos

 

Publicado el mayo 24, 2020

Escrito por Mario Gilardoni

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Desafortunadamente, la ausencia de relevamientos estadísticos en nuestro país impide medir cuantitativamente los alcances de la crisis financiera que ha determinado la pandemia.

Si bien no se la puede medir, el panorama que se observa es desastroso.  La reciente autorización para la apertura de las galerías de arte no permite aún medir los resultados económicos que ha producido. Pero lo que sí se puede observar es el comportamiento de muchos galeristas que decidieron no abrir sus puertas, no se sabe si en forma temporaria o definitiva.

Es que el declive económico que se viene operando en la comercialización del arte, sumado a la fuerte caída de las cotizaciones de gran parte de la oferta, no ejerce un incentivo como para alentar vislumbrar tiempos mejores por lo menos en lo que resta del año.

Este mismo panorama se puede aplicar a las actividades feriales y de subastas. Tan sólo la indefinición de cuándo finalizarán las restricciones de actividades que reúnan una cantidad significativa de participantes (que muchos consideran que serán de las últimas en ser autorizadas), serán un factor definitorio para la realización de las mismas. Pese a que ya algunos países han comenzado a autorizar la actividad subastadora -como en el caso del Reino Unido- creemos que difícilmente se podrán concretar próximamente, pese a que algunas rematadoras están planeando subastas presenciales para el mes próximo.

Por otra parte, por el auge que ha cobrado la oferta de arte online, tanto por venta directa como por subasta o ferias, el balance final no es suficiente como para sostener la actividad en forma exclusiva. Este no es un fenómeno local sino que se reproduce en los resultados de las grandes subastadoras que utilizan este mecanismo. Según sus propias declaraciones, lo recaudado se mide por un porcentaje de un solo dígito respecto a su volumen de ventas.

Otro elemento tan significativo como los anteriores es la grave situación económica en que quedará el país una vez que se pueda salir de la crisis sanitaria. La pandemia ha golpeado a gran parte de la sociedad que es compradora de arte y que difícilmente pueda a corto plazo involucrarse en el mercado.

Es lamentable el panorama pesimista expresado anteriormente. Sería de fundamental importancia que el Estado pudiera salir en auxilio del sector, pero frente a la gravedad de los problemas sociales que debe y deberá enfrentar, difícilmente tenga un resto como para aplicarlo a los operadores del mercado.

A manera de síntesis de lo que se anticipa en países desarrollados como los Estados Unidos, que tienen fondos como para auxiliar a los sectores culturales, podemos mencionar que se estima que la industria del arte sin fines de lucro sufrirá una pérdida de 6,8 mil millones de dólares (esta actividad generó 887,8 mil millones de dólares en 2017, equivalentes al 4,5% del PIB norteamericano) resultando imposible determinar cuántas de estas instituciones podrán sobrevivir (se calcula el 10%). Un cálculo arroja que por la crisis para los artistas y trabajadores creativos, el 62% han quedado completamente desempleado, de los cuales el 80% no tiene planes de recuperación.

De 168 galerías encuestadas en el país del norte sus cálculos proyectan una pérdida de ingresos brutos del 73%  para el primer semestre del año, a lo que se suma una pérdida del 31% en el primer semestre. Por el momento un 85% del personal a tiempo completo han conservado su empleo, el 74% de los contratistas independientes regulares (contadores, conservadores, curadores, conductores, editores, servidores, consultores de stands, traductores y desarrolladores web) ya no están empleados y el 10% de los trabajadores han sido despedidos.

Como si fuera poco, a todos estos elementos negativos se debe agregar cuánto tiempo demandará la reestructuración del turismo y el desplazamiento de las personas.