Una más de Bolsonaro y la cultura

 

Publicado el julio 19, 2020

Escrito por Mario Gilardoni

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Un nuevo escándalo ha motivado el nombramiento de Luciano Querido como presidente de la Fundación Nacional de las Artes (Funarte) donde ya ha intervenido el Ministerio Público Federal mediante una demanda en la que solicita su destitución del cargo.

Si bien el fundamento de la causa es que implica un “grave riesgo para su funcionamiento”, a lo que se suma el rechazo de la comunidad cultural. No sólo por la inexistente formación en aspectos relacionados con la cultura, sino por provenir de una función bajo la tutela del hijo del presidente, además de una intrincada relación familiar e institucional.

No menos elocuente es otro párrafo de la causa donde el ministerio argumenta que su nombramiento aumenta «la probabilidad de actividad negligente, imperativa o la interrupción total de las funciones públicas relevantes», y que se desvía del interés público. Además el puesto requiere que que el candidato tenga por los menos cinco años de experiencia profesional en actividades relacionadas con las funciones de la Fundación.

FUNARTE tenía entre 2019 y 2020 un presupuesto de 20 millones de reales, destinados como función central a la financiación de proyectos vinculados a las artes visuales, la danza, el teatro y la música. Todo esto dentro de la conocida posición de Bolsonaro contra la ley de mecenazgo, la supresión del ministerio de cultura, y los sucesivos cambios en la titularidad de la secretaría de cultura.

Este es un nuevo jalón en la política anticultural del presidente. Basta recordar la destitución de una anterior secretaria de cultura por su discurso favorable a la ideología nazi.

Querido (un apellido lo más alejado a la realidad) reemplaza a Dante Mantovani, un conductor clásico de extrema derecha que fue nombrado para el cargo en diciembre y se hizo conocido por sus puntos de vista extremistas y extraños sobre la cultura popular, incluida su creencia de que la música rock conduce a las drogas, el sexo, el aborto y el satanismo, y su creencia. en teorías de conspiración, que incluyen que el gobierno de EE. UU. distribuyó intencionalmente LSD a los asistentes de Woodstock como parte de un programa de modificación de comportamiento.